Nieve Roja (Cap. 2)

Entre los trozos de madera que cegaban la ventana se lograban filtrar un par de tenues rayos de luz, que chocaban contra el rostro dormido de Rodrigo.

Al despertar, a causa de la luz en su cara, rezaba para que todo hubiera sido un mal sueño; josé seguía dormido aún, acurrucado en el sofá, indiferente de todo lo que pasaba.

Los gritos habían cesado, pero la verdadera intriga era las bestias se habían ido del pueblo tal como llegaron o tal vez habían acabado con todos los del pueblo. – !José, ven! Prepare el desayuno- A lo que el chico salió corriendo a la mesa, pero no era exactamente lo que esperaba ver en su plato, un pedazo de carne que había preparado su madre antes de irse y un poco de puré de papa que Rodrigo había preparado.

-Te aguantas, se que no se ve bien pero algo es algo- le dijo mientras seguía husmeando en la alacena buscando otras cosas para comer.  –¡Excelente! No hay nada mas que esto, creo que tendré que ir al almacén de la próxima calle- Le explico Rodrigo a su hermano decepcionado pro no encontrar nada –Y ¿piensas que es seguro? – le pregunto mientras se comia rápido todo su plato –Prefiero, arriesgarme un poco, a quedarme aquí y morir de hambre.

La tarde pasaba despacio, Rodrigo había puesto a jose a escuchar la radio haber si llegaba algún mensaje, pero solo se lograba oir uan tenue estatica. Mientras el se asomaba por la ventana y tomaba valor para salir, tenia que apurarse pues si oscurecía ni loco se aventuraría con esas horripilantes criaturas afuera.

Se preparo, tomo un abrigo grande y grueso para el frio pues aunque la nieve había dejado de caer aun había bastante nieve en la calle, agarro el rifle y se dirigió a la puerta un poco tembloroso pero eso no se lo podía demostrar a su hermano.

-Si algo sucede gritas y te esperas a que vuelva- le explico. Dio una profunda exhalación, y abrió la puerta, la cerro con llave y se la guardo en la chamarra, empezó a caminar por la calle, un tétrico silencio inundaba la calle, pero la niebla que cada invierno invadía el pueblo limitaba su mirada a pocos metros.

Llego a la tienda, el recorrido que en pocos minutos se hacía le pareció una eternidad, la puerta estaba entre abierta, poco a poco la empujo con temor y comenzó a tomar cosas, todo estaba en perfecto estado aunque con un poco de nieve, tomo provisiones suficientes para otro par de días, y se dirigió a la caja registradora.

-¿Señor Ernesto?- llamo con temor  al acercarse a la caja, pero cuando se acerco suficiente un pútrido olor le llego de golpe en la silla estaba el encargado de la tienda con la piel desgarrada, que apenas  se le lograba distinguir el rostro, las cuencas de los ojos estaban vacías y de su vientre se podían ver algunas costillas sin carne que las cubriera, ya se había dado cuenta de lo que esa o esas cosas podían hacer.

Salió corriendo directo a la casa ya casi alcanzaba a llegar, pero del frente de una casa vecina algo paso corriendo “ ¿Qué fue eso?” se pregunto mientras aceleraba el paso, de entre la niebla salto algo hacia el.

-¡Dios!-  le arremetió un golpe con todas las fuerzas que pudo hacer, pero no era nada mas que el perro de la vecina, nunca había sido un buen perro, siempre le ladraba a la gente y también mordio a otros varios, poco le importo el perro y se dirigió a la casa.

Había algo frente a la puerta, solo que no lograba distinguir por la niebla que había –¡Eh! perro idiota quítate de ahí – Le grito mientras se seguía acercando, por la niebla no lograba ver bien que si era un perro o tal vez uno de esos demonios hambrientos, al acercarse se dio cuenta que era una de esas bestias, se llevo una gran sorpresa al ver que no era un perro. Al acercarse lo suficiente la criatura comenzó a emitir unos chillidos que rasgaban los tímpanos de cualquiera y de pronto salto en contra del chico, sin tiempo para pensar Rodrigo disparo el rifle atinándole a la primera en la cabeza, el monstruo callo en el suelo  con la cabeza partida en dos, había llenado de sangre todo a su alrededor, gotas lograron caer en el rostro petrificado por el miedo.

A toda velocidad se regreso al hogar, ni siquiera se aseguro de que llevara todos los víveres con los que salió en la tienda, pero con el miedo que le invadía eso estaba en segundo plano.

En su casa le esperaba su hermano con grandes noticias había un canal en al radio que seguía emitiendo, al parecer era del pueblo vecino, una chica había durado bastante tiempo emitiendo mensajes pero cuando Rodrigo llego era un poco tarde.

La chica aseguraba estar bia salvo en la estacion, lo que les daba una esperanza de que todo podria salir bien.

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