Nieve roja (Cap. 1)

La nieve tenida de rojo era lo único que se lograba divisar entre las ventanas congeladas por el gélido tiempo, algunas manos o cabezas aun sobresalían de la nieve pero pronto serian cubiertos, ni aun las casas frente al parque alcanzaban a verse.

-¿Que sucede hermano?- Le pregunta un pequeño niño.

-Cállate, no se que haya afuera- Tembloroso le respondió

–Papa y mama ya se tardaron en regresar. Repetía el chico mientras lloriqueaba

– Que te calles, fueron a visitar a la abuela que enfermo, dijeron que volverían en pocas horas- Explico mientras se asomaba en la ventana.

-¡AAAAH!-Un grito desgarrador sucumbió la vivienda…Una horripilante criatura estaba pegada a la ventana, observándolos con sus terribles ojos amarillentos, en su piel de tonos grisáceos era posible distinguir varias marcas de piel arrugada…No dejaba de mostrar su dentadura, con sangre y trozos de carne…

“Joder, pero ¿que fue eso?”  La bestia los miraba fijamente tras la ventana, Rodrigo empujo a su hermano a una puerta donde guardaban cajas –No salgas de aquí ya vuelvo – Cerro la puerta y se fue corriendo al cuarto de sus padres, subía las escaleras a zancadas, tomo un rifle que su padre tenía guardado en una caja bajo la cama, lo cargo y se guardo en los bolsillos otras balas.

Bajo por las escaleras apuntando en dirección a la ventana, pero la terrible criatura se había ido, así que cautelosamente se dirigió al cuarto donde había dejado a su hermano, pero al abrir la puerta ya no estaba ahí. ¡José! Grito varias veces hasta que oyó ruidos en la cocina, sin pensarlo fue corriendo y ahí estaba su hermano bajo la mesa temblando.

-Tengo miedo hermano, ¿que era eso?- No te preocupes debemos de quedarnos en casa y no salir- Le respondió –Tapare las puertas y las ventanas, tu sube y baja todas las lámparas de los cuartos.

Rodrigo tomo algunas tablas y fue al cuarto de herramientas, a pesar de ser una gran casa no tenia muchas salidas, solo pocas ventanas  y 3 puertas que dirigían afuera, pero la del sótano era muy poco usada pues solo era para emergencias, comenzó a martillar  tabla por tabla en la puerta del frente.

Taparon las ventanas con sobrantes del trabajo de su padre pues aparte de ser el policía del pueblo era un aficionado a la carpintería. Si sus padres llegaban deberían de entrar por detrás.

El pequeño José su durmió en el sofá de la sala mientras que Rodrigo estaba atento pues aun a lo lejos se alcanzaban a oír gritos, que eran imposibles de ignorar. Y así fue toda la noche, Rodrigo no podía entender que era lo que sucedía afuera, pero ni siquiera se atrevía a asomarse de nuevo por la  ventana.

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