El Recorrido hacia las tierras Verdes

Capitulo I:

Las montañas nevadas, el infierno blanco.

Ya no soportaba el inhumano dolor que le producían las llagas en sus pies, el helado frio hacia que se quedaran pegados con las botas por la sangre que se congelaba. – Por favor, necesito un descanso- les pidió el joven humano al resto de los que caminaban con el, los cinco que iban caminando frente a el voltearon a verle.

Una chica de orejas puntiagudas se dirigió hacia el chico que se encontraba en el suelo –¿Estas bien?- le pregunto la chica – Anda, sigue caminando Boudica- le dijo otro elfo a la chica – Es lo malo de los humanos, no resisten nada, y así piensan sobrevivir, por eso están en decaden…- Murmuro el elfo mientras se acercaba a la chica   – Cállate  ya, no es necesario que digas cosas así- le interrumpió un hombre de gran altura la que lo hacia resaltar demasiado de sus demás compañeros, su cabellera rubia enmarañada ondeaba por los implacables vientos de la montaña –Cierto, mejor guarda silencio elfo- le apoyo uno de los dos enanos que también caminaban con ellos.

El gigante miro el cielo unos instantes, y regreso la mirada a todos sus compañeros  –Sera bueno que descansemos aquí hasta mañana- les sugirió. Los seis caminantes se pusieron a levantar el campamento improvisado. Al acabarlo se refugiaron en el todos a excepción del gigante y el enano que fuertemente armados montaban guardia para evitar ataques inesperados. El sol se escondió en el horizonte, se oscurecía muy rápido en esas tierras, el humano quedo dormido titiritando de frio mientras Kenya la esposa del enano velaba su sueño.

La noche paso rápido sin ningún imprevisto,el sol regreso y los caminantes habían descansado bien, estaban listos para seguir caminando por ese infierno helado, pero el chico humano no se podía poner de pie, dio varios intentos de pararse pero a los primeros pasos caía al suelo, la enana le quito las botas –No te preocupes chico, veremos que sucede- quedo muy sorprendida al ver el estado de las heridas del joven, saco de su bolsillo varias hojas y las comenzó a frotar en las heridas –Vaya, ¿Cómo es que pudiste caminar así? Estas heridas minimo se hicieron hace 3 dias- dijo la enana curando las llagas del joven, saco unos pedazos de vendas y las enredo en los pies del chico apretando las hojas y tallos contra las heridas –Gracias Kenya- le dijo el joven –No hay porque, es lo bueno de siempre traer plantas curativas. Le dijo meintras sonreía.

El elfo se dirigió hacia el chico y lo recargo en su hombro para así ayudarlo a caminar en el difícil terreno lleno de nieve –Vamos debemos de avanzar rápido antes de que nos alcancen- le dijo el elfo con desprecio al humano. Así siguieron caminando arduamente por las inmensas montañas nevadas.

El silencio era muy tranquilizante, era extraño encontrar bestias por esas tierras y mucho menos gente caminando por esas tierras, nadie era tan torpe para andar por esos lares. Pero de pronto el armonioso silencio fue interrumpido por un gran aullido que hizo eco en las montañas, provocando la sorpresa de los caminantes.

La nieve que caia del suelo, mermaba la visión de los guerreros, solo verían a las bestias cuando ya estuvieran demasiado cercas –¡TODOS ESTEN ATENTOS!- grito el gigante tomando con fuerza su inmensa espada con ambas manos, el resto se preparo para la pelea, el elfo dio un giro rápido dejando al chico caer al suelo disparo una flecha en dirección contraria de donde provenía el ruido, al dispararla se escucho un aullido de quejido, giro hacia otro lado y repitió el tiro, dejando todo en silencio –Cuidado, es una emboscada- les dijo mientras seguía apuntando –Eran 9 ahora son 7- Dijo el enano en tono de burla. La elfa cerro sus ojos y comenzó a pronunciar un conjuro, la nieve rápidamente dejo de nublar la vista de los guerreros y ahí estaban 6 haurgos plateados y uno completamente negro.

El enano corrió rápidamente en dirección a uno de los huargos acertándole un devastador golpe con su hacha, el lobo cayo muerto con la cabeza casi cercenada. Dos lobos saltaron sobre el gigante, los tomo con sus grandes manos por el hocico y los estampo por las cabezas de los huargos.

Los 2 huargos saltaron para atacar a la enana mientras el negro miraba lanzando vaho del hocico, ella comenzó a rechazarlos con un pequeño escudo de madera y les hacia heridas superficiales con su daga, el otro enano salió corriendo en ayuda de su amiga –¡Kenya!  No temas ya voy –grito mientras atacaba frenticamente a las bestias para alejarlas, cuando los destrozo por completo vio a Kenya en el suelo, cubierta de sangre, con rasguños y mordidas por todo el cuerpo, la armadura de cuero que llevaba estaba hecha garras, desgarrada por la fiereza de los ataques. La tomo en sus brazos –No temas hermosa, todo va a estar bien –le susurro varias veces en el oído, abrazandola fuertemente.

El gigante tomo su arma y apunto con ella a la ultima bestia, salió corriendo para atacar, cuando la espada caia sobre el lobo, este se desvaneció y apareció detrás del atacante, volteo rápidamente haciendo otro corte, el cual también fue herrado pues el lobo se desvaneció de nuevo, “Carajo, esto no es un huargo comun, en realidad ni siquiera es un animal”  se giro hacia el lobo y le dijo –¡Dejate de jeugos demonio! –el lobo cayo al suelo y de su boca salió un liquido color sangre que cuando termino de salir del hocico se levanto y empezó a tomar forma`, tenia gran altura y una inmensa boca de la cual se hacia ver unos largos y afilados dientes que se asemejaban a una cierra, tenia unas grandes garras afiladas, pero se veía como si fuera un liquido que hubiese tomado forma.

El gigante volteo a ver a sus acompaniantes –Tengan cuidado con esta maldita criatura, es una bestia rastrera, muy engañosa y traicionera –les grito volvió a mirar en dirección hacia el demonio.

–Yo Arturo, el caballero de excelencia de los dioses, exige saber que deseas aquí con nosotros demonio –le dijo con furia en la mirada –Vaya, vaya, eh tenido la suerte de toparme con un ser divino bueno mas bien un ‘semi-dios’…

-Dejate de juegos demonio y dime- le dijo al demonio con las venas en la frente palpitando de ira

–Esta bien solo tranquilízate me han enviado a demorarlos un poco, pero veo que mis compañeros hicieron un gran trabajo con esa horrible enana- Dijo y después solto una isterica carcajada, lo que acababa de decir el demonio elimino la poca paciencia que le quedaba al gran querrero, enfureció y salió corriendo en dirección al demonio soltando un gran grito de ira –¡Te arrepentiras maldita escoria!- le grito mientras le hacia un gran corte con su espada.

El demonio quedo partido en dos en el suelo, pero de su vientre salieron unos tentáculos que unieron nuevamente su cuerpo, se levanto sin ningún daño serio pero aun de su vientre escurría una sangre de color negro con un olor putrefacto que calaba en el olfato del divino guerrero.

El demonio le miro fijamente su rostro cambio a la forma de un niño –No porfavor señor… no me mate… se lo pido…- se hoyo la vos temblorosa de un niño -¡Me vas a matar como lo hiciste con ese niño y su padre! ¿Eh? Si me vas a matar-  le retaba el demonio riéndose a carcajdas, mostrando su horripilante dentadura.

De los ojos del guerrero salieron algunas lagrimas que cayeron al suelo –Yo… no fue mi… lo devia de… era necesario- dijo el guerrero con la vos entre quebrada, un nudo en la garganta no el permitia expresarse bien, el suceso que el hizo recordar el demonio, lo paralizaba, ya desde hace mucho tiempo ese suceso le remordía la conciencia, aunque el sabia que era necesario, le atormentaba solo pensar en eso.

El guerrero cayo al suelo, soltando su arma y se puso lloriquear como lo haría un niño. El demonio sonrio sadicamente mostrando todos sus afilados dientes, elevo su garra al aire y preparando para darle un gran sarpazo y así darle fin al descuidado guerrero…

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